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sábado, 10 de marzo de 2012

timidez



No sé qué palabras escoger para replicarte,
darte una razón para despistar la timidez
y no llamar, entrar sin más,
en este deseo maquillado de desastre.
¡Qué tentación dejarse perder por un beso…!
¿Qué palabras mías serán 
con las que tú te des por contestado?
No lo sé.
Araño los bolsillos desgastados
y no quedan secretos.
Tus miedos y mis miedos 
se interponen entre nuestras bocas,
interfieren en el beso,
que se engancha en las comisuras sin darse,
y la piel queda presa en el frío de la mente.
En el espejo retrovisor,
los ojos espían los segundos que le faltan a este instante
en el que no acaban de juntarse las bocas.
Arrancas
y el beso queda huérfano
en el calor de la timidez con que nos abrazamos
como extraños en la memoria.

Otra vez
ahora parece que el baño pudo ser una guarida,
un fuerte donde haberle dado tregua a la culpa
y hacernos la paz a boca suelta.
Pero este amor no pide cuentas,
tampoco hay libro de visitas.
Al menos, tenemos a nuestro favor
todos los parques de la imaginación.
Ella está poniendo mis manos en tu piel invisible.
El cariño acumulado
está llenando mis grietas de diminutivos.
En la garganta se enredan
y no sale el grito que guardo
ni un ven.
Al no no le faltan razones,
al le sobran y
así no hay quien se aclare.
Mi timidez no sabe quitarte la ropa,
la tuya no puede romperme las medias
y el deseo nos mira
con la cremallera subida hasta las ganas...
y todo vuelve a quedar en un porvenir retrasado
al que nosotros llegamos tarde
para inventarle otros labios a la despedida.

andrea mazas