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jueves, 8 de marzo de 2012

ni musa ni princesa

la poesía, según nicanor parra, es llamar a las cosas por su nombre
pues venga
(Gonzalo Escarpa)

antes de que me digan princesa,
antes todavía de que algún
poeta cantautor pintor peón de construcción camarero actor
teleoperador adolescente etcétera
me intente embaucar
haciéndome creer que yo soy su nueva musa,
quiero advertir, si es que sirve de algo,
que yo no quiero ser como raquel ni leonor,
no quiero tener sus bocas carnosas y rojas
ni que me queden tan bien como a ellas sus faldas

no quiero las curvas de infarto de silvia,
ni la melosidad de marta,
ni las dulces formas de ángeles
ni ser risueña como patricia

no envidio los buenos modales de ana
porque no los necesito,
ni aparentaré más la inocencia de rebeca,
la picardía de laura, la rebeldía de clara
ni el modernismo de maría
ni, por supuesto, intentaré ser tan fina como su hermana
porque nunca seré como ellas
no aspiro al máster de carmen
ni a tener el sentido del ritmo de paloma:
nunca he sabido bailar ni hacer un striptease


no voy a tatuarme una mariposa en el culo
ni una araña en una teta
ni diablo ni guarra ni amor en japonés,
no quiero un piercing en la lengua
para poder prometer algunas noches
la mejor mamada de su vida
a ningún chulo de discoteca
como nunca quise convertir
en el amor de mi vida
a ningún rubio de ojos azules
con mi amor único y redentor

no quiero las medidas de marilyn
ni los ojos de greta,
no tengo el descaro de mae west,
no aspiro a ser ninguna yoko
ni ser de nadie la maga que busca

reconozco que no quiero la tristeza de alejandra,
aunque a veces me arrastre de los pies,
ni los colores de frida,
aunque siempre salga a la calle manchada de ellos
no quiero apoyarme en las ventanas como gala
para ver cómo se pelean por mí jules y jim
porque no me suicidaré con ninguno de ellos

no voy a aprender a fumar
como fumaba mi madre a mi edad,
ni pretendo volver loco a mi padre
porque ya lo hice

no me voy a casar
en las vegas con lennon
disfrazada de gioconda
ni en iglesias ni en juzgados
con ningún hombre de provecho,

no quiero hacer lo que hicieron
las vanessas que enamoraron a todos mis amantes
ni llorar como lloran las vírgenes
ni ser en la cama más puta que la magdalena
ni más señora que las putas en las tiendas
ni más falsa que las señoras en la calle

no quiero saber qué es lo más adecuado en esta situación
ni las guarradas de la a a la zeta
que ponen a cien a los hombres en los bares

no me trencé nunca el pelo estilo julieta,
como tampoco esperé sentada a que
un rebelde o un malote
tirase piedras a mi ventana
para llevarme en su harley
a un granero abandonado
o al huerto
o a una bonita duna
o al faro del fin del mundo
para cogerme como nunca me han follado

nunca pedí el teléfono a ningún camarero
(de esto sí me arrepiento)

cartas de amor no quise
y las que escribí las niego
porque salieron de mis manos sin permiso
cuando de ebriedad me rascaban las ganas

caballeros y oficiales,
finales de película felices,
rosas sin vino,
su banda sonora se desafina en mi guion:
no sé soñar como sueñan las princesas,
ninguna amiga me confesó el secreto
que convertía en príncipe de cuento
cada rana que besó

así que por qué ahora tendría
que maquillarme como las cabareteras
o desnudarme como lo hacen las ninfas

ni se os ocurra pensar que fingiré mis orgasmos

yo no sueño con una noventa y cinco
ni con pesar menos de sesenta
ni con uñas de porcelana,
largas pestañas, piel de seda

me da igual si me dicen guapa los poetas
o si me escriben poemas los obreros

yo no necesito que nadie me diga
cómo me queda mejor el pelo,
ni qué color le sienta mejor a mi boca,
ni qué camino he de seguir
para no dejarme perder
si el que sigo no me lleva
a su cama otra noche

por última vez:
no quiero ser la princesa de nadie,
bastante tengo con intentar saber
quién es Andrea

andrea mazas