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domingo, 26 de octubre de 2014

poemas que parten

El poema es 
un remolque una locomotora 
y a veces solo a veces se hace tren.
El poeta ondea sus pañuelos le da 
la bienvenida en la despedida
en la estación de la que parte.
Lo pone en marcha en su cabina
y después nadie sabe su trayecto
dónde se detiene en quién para
si alguna vez lo hace.
Quedan solos
abandonados en sus raíles
los versos fantasma
sin parque de atracciones
sin pulso ni consigna
en el papel terminal
sin bagaje.
A la señal de salida 
suben viajeros a los poemas que parten.
No hay revisor que pida boleto
y los hay abarrotados
redes de cercanías que llevan llegan lejos.
Ciertos pasajeros se bajan en marcha.
Otros se quedan para siempre en el poema
limando heridas en el vagón que anclan
y en él van al mar con el poeta
y lloran y ríen y hacen el amor
y conocen la guerra y el hambre juntos.
Cuantos más vagones más lejos queda 
la cabina del furgón de cola 
más son las soledades que se alían 
que hacen placaje a la belleza 
lo terrible los ángeles en suma 
que la voz de solo un hombre no reclama.
En esos poemas tren que avanzan 
que afilan las garras de la muerte
al pasar la aduana de lo efímero
las palabras son eslabón y perno
ceremonia de amor y redención y causa
sin destino conocido ni hora

imparable

andrea mazas


'The tracks', de Bob Dylan.