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viernes, 24 de agosto de 2012

no mezclemos


Ella lo acuesta en un verso para pensar en sí misma un rato...
y lo despierta en el siguiente para que le recuerde qué iba a escribir.

Yo querría que él me prometiera que esto no nos ocurrirá a nosotros,
que me dejará a solas con la musa, que la musa no la compartiremos.
Pero él está dormido, dormido, profundamente dormido,
y este silencio es precioso...
Al menos queda este poema, que no le leeré cuando se vaya la musa
y yo entre, con mucho cuidado, en sus sueños.