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sábado, 10 de octubre de 2015

escribo sobre el mundo

Escribo sobre el mundo,
sobre un lugar al que yo llamaba mundo.
Era un mundo muy pequeño.
Al principio apenas éramos
unas veinte mujeres,
y aún había menos hombres.

Vivíamos en él de este modo y desde siempre:

1/ nos poníamos pruebas con trampas, y después
2/ pasábamos el rato justificando por qué no las habíamos superado
3/ unos agredían y otros consentían, y después
4/ todos callábamos durante un tiempo, y cuando pasaba
5/ nos contábamos que nos sentíamos mal y
6/ consensuábamos hablar un poco sobre ello y
7/ nos compadecíamos y
8/ nos pedíamos explicaciones y
9/ nos las dábamos y
10/ las aceptábamos porque,
además,
10a/ también nos lamentábamos

Y seguíamos adelante en ese mundo tan pequeño,
apenas una aldea,
sobre el que yo escribo ahora.

La vida discurría en él sin demasiados sobresaltos.
Pasado no mucho tiempo 
el ciclo empezaba de nuevo:

1/ las pruebas
2/ las trampas
3/ las disculpas
4/ el perdón
5/ el silencio

Así se sucedían,
del mismo modo en que lo hacen las estaciones.
El tiempo pasaba y parecía hacerlo tan rápidamente que
creíamos que no había forma de cambiar nada a su paso.
Pero lo hacía muy lentamente
y algunos un día murieron
y otros tuvieron hijos,
a los que pidieron:

1/ que no se mancharan
2/ que no se alejaran 
3/ que no se pegaran 
4/ que no mintieran

Los padres, 
además,
exigieron fe a algunos de sus hijos.
A otros,
además, 
les rogaron miedo.
A todos, 
además, 
les pidieron:

1/ que respetaran nuestras pruebas y nuestras trampas,
2/ que aprendieran a pedir disculpas
3/ que supieran perdonar
4/ que mantuvieran nuestros pactos de silencio
5/ que no nos contaran lo que temían
6/ que no se les fuera a ocurrir contarnos lo que nos pasaba

Unos por fe, otros por miedo,
todos aceptábamos las normas,
que funcionaban de ese modo y desde siempre.
Al fin y al cabo, no podíamos arriesgarnos
a que terminara el mundo en que vivíamos,
ese lugar tan pequeño sobre el que ahora escribo yo,
la niña con más miedo de ese mundo.

Escribo sobre el mundo,
sobre un lugar al que me enseñaron a llamar mi mundo,
un mundito en el que ya no queda nada en que creer,
nada en esa aldeíta que temer,
nadie ante quien guardar silencio.

Escribo sobre el mundo,
sobre un lugar al que me enseñaron a llamar mi mundo,
un ínfimo mundo del que no dejo nunca de ser extranjera.

andrea mazas

Sin título (2014), de Chema Madoz