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sábado, 7 de septiembre de 2013

sobre todo la boca

Sobre todo la boca,
que es todas las de la noche,
que me roban la mueca fingida
y me obligan a creer de nuevo
en el sexo de los adolescentes
en los portales de la luna.

Todas las bocas que puedo reunir
para incendiar en una noche la imaginación
y tus bosques de eucaliptos,
están aquí entre los dos,
para recorrerte dando saltitos
no sin miedo, de rama en rama,
                                        de brazo a brazo
con la fuerza de todas ellas
en mi único cuerpo,
peludo, diminuto, de ardilla,
para llegar con las bocas secas
al faro del fin del mundo
a beberte entre algas,
a inventarte y reinventarte
entre fantasmas y pasados
que no molestan ni impiden
un beso más y último.

Todas las bocas en mi boca:
la escondida, la callada,
la que hipnotiza y arrastra a tientas un verso,
la del placer,
la impresionista, la malva,
la que improvisada das por previsible.

Y más, más bocas:
la partida que Frida me prestó
para boicotear la esperanza
y tolerar el dolor,
la suspendida en la cuerda
que Satie pulsa en su tecla blanca
cuando todo mi cuerpo
se convierte en toda vida,
en puro orgasmo de candor solitario,
la inmortal para besarte siempre,
la boca-Gaia que picotean
los pájaros de mi silencio,
la que resume los sueños
y contiene a la humanidad
«sin el alivio final de morir»,
la cerrada y la que besa y chupa
y come del suelo cuando
se transforma en poesía
y en primera vez,
la que sonríe, la que llora
la que jadea,
la que te recibe y se queda contigo,
la que te traga
despacio    despacio    despacio.

Todas las bocas:
la musical, de cuerda, metal,
la florista que te va recogiendo
nomeolvides a hurtadillas
al prender un cigarro más
antes de la despedida,
la que besa, la que besa, la que te besa
y no se cansa de besarte,
la párvula que bebe a morro de las fuentes
tragos largos de agua fría
para volver a los doce años
y besarte como si nunca antes
lo hubiera hecho.

Todas mis bocas vírgenes
y sus labios cachorros,
aprendices de mago,
pupilos diligentes de tu lengua,
de tu saliva dulce y caliente.

Todas, todas, todas las bocas
que me descubriste la primera noche
están aquí para besarte siempre. 

Morning Sun, de Edward Hopper